Los desposeídos -la "gran bestia" del mundo- pueden provocar trastornos
y deben ser controlados en aras de lo que en la jerga técnica se denomina
"estabilidad", lo que significa subordinación a los dictámenes de los
amos. (Noam Chomsky)




“…Entonces el segundo payaso grande, que era sin lugar a dudas el más cómico, se acercó a la baranda que limitaba la pista, y Carlos lo vio junto a él, tan cerca que pudo distinguir la boca cansada del hombre bajo la risa pintada y fija del payaso. Por un instante el pobre diablo vio aquella carita
asombrada y le sonrió, de modo imperceptible, con sus labios verdaderos. Pero los otros tres habían concluido y el payaso más cómico se unió a los demás en los porrazos y saltos finales, y todos aplaudieron, aun la madre de Carlos…”
(Fragmento de “Esa Boca”, 1955. Mario Benedetti.)


domingo, 22 de junio de 2008

Denuncia Pública Urgente

ERCILLA 22-JUNIO-2008


¡¡¡ DENUNCIA PÚBLICA URGENTE !!!


LA COMUNIDAD " CASIQUE JOSE GUIÑON , DENUNCIA QUE HOY LAS FUERZAS POLICIALES REPRESORAS DEL ESTADO CHILENO ALLANAN LA COMUNIDAD Y LA CASA DE LA MADRE DE LOS PRESOS POLITICOS MAPUCHE JUAN PATRICIO Y JAIME MARILEO SARAVIA LA LAMIEN LORENZA SARAVIA, DONDE BALEAN AL HIJO DE LA MACHI DE LA COMUNIDAD ADRIANA LONCOMILLA, EL JOVEN WEICHAFE JORGE MARIMAN LONCOMILLA , ESTUDIANTE DE ENSEÑANZA MEDIA, Y HIEREN GRAVEMENTE A CULATAZOS DE ARMAS DE FUEGO USADAS PARA EL CASTIGO … AL WEICHAFE Y JOVEN ESTUDIANTE LUIS MARILEON, EN LA CABEZA Y EL ROSTRO ELLOS ESTAN CON MULTIPLES CONTUCIONES POR LA GOLPIZA RECIBIDA POR ESTOS INFAMES EN ESTOS MOMENTOS CUANDO SON LAS 14 HRS HAY ENFRENTAMIENTOS QUE PUEDEN DERIVAR EN GRAVES CONSECUENCIAS PARA LA GENTE DE LA COMUNIDAD, EN ESTOS MOMENTOS EL HERIDO A BALA ES TRASLADADO AL HOSPITAL DE COLLIPULLI.
SOLICITAMOS LA SOLIDARIDAD DE TODOS PARA DENUNCIAR ESTOS ABUSOS Y VIOLACIONES A LOS DDHH DE NUESTROS HERMANOS …EN ESTOS MOMENTOS LAS FUERZAS POLICIALES SIGUEN AL INTERIOR DE LA COMUNIDAD Y SE DESCONOCE HASTA AHORA EL MOTIVO DE ESTA NUEVA ARREMETIDA POLICIAL EN CONTRA DE NUESTRA COMUNIDAD.

NOTICIA EN DESARROLLO …


¡¡¡ NI LAS BALAS NI LA CARCEL DETENDRAN NUESTRA LUCHA!!!

¡¡¡¡ MARRICHIWEU !!!


COMUNIDAD MAPUCHE CASIQUE JOSE GUIÑON
SECTOR PIDIMA ERCILLA IX REGION CHILE

martes, 17 de junio de 2008

El Che Guevara, ¿un mito en disputa?


por: Néstor Kohan


No sólo no soy moderado sino que trataré de no serlo nunca,
y cuando reconozca en mí que la llama sagrada
ha dejado lugar a una tímida lucecita votiva,
lo menos que pudiera hacer es ponerme a vomitar
sobre mi propia mierda


Carta de Ernesto Guevara a su madre
México, 15 de julio de 1956

En 1925 el peruano José Carlos Mariátegui, fundador de la revista Amauta y primer marxista de América, escribió: “Todas las investigaciones de la inteligencia contemporánea desembocan en esta unánime conclusión: la civilización burguesa sufre de la falta de un mito, de una fe, de una esperanza [...] El mito mueve al hombre en la historia. Sin un mito la existencia del hombre no tiene ningún sentido histórico [...] Los pueblos capaces de la victoria fueron los pueblos capaces de un mito multitudinario”.
Según Mariátegui, los mitos no son necesariamente ilusiones falsas, sino más bien creencias movilizadoras que condensan esperanzas colectivas y anhelos populares.
Revolucionario genuino y radical, fotogénico y joven, Ernesto Guevara fue retratado en marzo de 1960 por Alberto Korda y su rostro recorrió el mundo. Se convirtió en el símbolo de toda rebelión a escala mundial. Desde las Panteras Negras norteamericanas hasta los estudiantes japoneses, desde los insurgentes palestinos hasta los negros insurrectos de Sudáfrica, desde las guerrillas latinoamericanas hasta los intelectuales franceses, todas las rebeldías lo llevan como estandarte. Guevara dejó de ser Ernesto y se transformó en el Che. Un mito y una leyenda atravesados por un tironeo ininterrumpido y una permanente resignificación.


El mito del Che en una triple disputa

En esa pulseada por apropiarse del Che, tres perfiles posibles son los protagonistas: (a) el Che devenido objeto mercantil y oferta de vidriera; (b) el Che políticamente correcto, light y progresista simpático; (c) el Che inspirador político de corrientes revolucionarias y portador de un pensamiento marxista radical, antiimperialista y anticapitalista. Podría quizás mencionarse un cuarto relato que lo dibuja como “un asesino frío y sanguinario”. Pero a esta altura ese relato ya no convence a nadie.
(a) La primera aproximación a Guevara existió desde su asesinato en octubre de 1967. Desde esa fecha su imagen inunda librerías, kioscos, tapas de CD, películas, remeras, bikinis, ceniceros, encendedores, cervezas y cualquier objeto que pueda ser comercializado en el mercado. La “guevaromanía” resurge ante cada aniversario. ¡Qué tremenda paradoja la de un pensador que conocía en detalle los tres tomos de El Capital de Marx el terminar convertido en mercancía! No muy diferente a Mao Tse Tung, quien representaba algo más que un cuello de camisa o un ícono pop de Andy Warhol. O la estrella roja de cinco puntas, símbolo del Ejército rojo bolchevique creado por León Trotsky, hoy más conocida por adornar la botella verde de una cerveza de moda.
(b) En el segundo perfil se inventa un Che light y descafeinado, ajeno a las emociones fuertes, rodeado de suspiros melancólicos por los “bellos tiempos que se han ido y ya no volverán”. Aquí Guevara se convierte en un tímido progresista, comodín útil para barnizar con tinturas políticamente correctas las gestiones institucionales tradicionales. Desde este ángulo, el Che deja de ser el inspirador de incendios juveniles para convertirse en una fría estatua de bronce que no molesta a nadie (y a la que se le rinde tributo pues tranquiliza verlo muerto y petrificado). ¡Qué curioso que Guevara, hermano mayor de Miguel Enríquez, Inti Peredo, Mario Roberto Santucho y Raúl Sendic, se termine transformando en una pieza de metal más cerca de la canonización y el museo que del fuego de la revolución latinoamericana! ¡Justo él... quien alguna vez, pensando en José Martí escribió: “ Porque a los héroes, compañeros, a los héroes del pueblo, no se les puede separar del pueblo, no se les puede convertir en estatuas, en algo que está fuera de la vida de ese pueblo para el cual la dieron, El héroe popular debe ser una cosa viva y presente en cada momento de la historia de un pueblo. Así como ustedes recuerdan a nuestro Camilo, así deben recordar a Martí, al Martí que habla y que piensa hoy, con el lenguaje de hoy, porque eso tienen de grande los grandes pensadores y revolucionarios: su lenguaje no envejece. Las palabras de Martí de hoy no son de museo, están incorporadas a nuestra lucha y son nuestro emblema, son nuestra bandera de combate” ( Conmemoración del natalicio de José Martí , 28/1/1960).
La canonización de Guevara vaciado de contenido político tampoco es una excepción. Su guía inspirador, Vladimir Ilich Lenin, quien le dedicó su vida a levantar barricadas, construir organizaciones insurgentes y generar revoluciones terminó convertido —gracias a Stalin— en una momia embalsamada y en un objeto de museo.
(c) Desde el tercer ángulo, a notable distancia del mercado y los museos, del negocio y la nostalgia complaciente, Guevara sigue siendo una astilla en el cuello de terratenientes, banqueros, empresarios, policías y militares. Un heredero de Mariátegui, un estudioso obsesivo de Marx, un admirador de Lenin y el político radical más notable de América Latina además de uno de sus pensadores marxistas más heterodoxos. Desde la revolución cubana y el zapatismo de Chiapas hasta la insurgencia colombiana y el bolivarianismo de Venezuela, desde el MST de Brasil hasta los piqueteros de Argentina, desde el estudiantado de Chile hasta los indígenas de Bolivia, todos y todas, continúan referenciándose en él. Lejos de las vidrieras y las manipulaciones oportunistas, continúa existiendo el guevarismo como proyecto político y pensamiento radical. Un «muerto que no para de nacer»


Queridos viejos:
Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante,
Vuelvo al camino con mi adarga al brazo.
Hace de esto casi diez años, les escribí otra carta de despedida.
Según recuerdo, me lamentaba de no ser mejor soldado y mejor médico;
lo segundo ya no me interesa, soldado no soy tan malo.
Nada ha cambiado en esencia, salvo que soy mucho más consciente,
mi marxismo está enraizado y depurado.

Carta de Ernesto Guevara a sus padres
La Habana, marzo de 1965


Los tironeos y las disputas por su herencia multiplican los espejos que reflejan el rostro de varias generaciones argentinas.


Cada generación dialoga con Guevara desde sus propios problemas, sus dudas, sus falencias, sus sueños, sus desafíos pendientes, sus anhelos incumplidos.
La generación del ’60 vio en el Che la encarnación de todo aquello que la vieja izquierda ya no podía dar: ejemplo moral, nueva cultura, lucha contra la enajenación y la explotación (al mismo tiempo), crítica de la burocracia, internacionalismo genuino y, sobre todo, un método de lucha político-militar. Para aquella generación Guevara expresa la cabeza visible de un proyecto continental, impulsado por la revolución cubana y Fidel Castro. Una forma de lucha política donde se confronta con las instituciones y el eje pasa al enfrentamiento directo con el poder armado de las dictaduras militares y sus amos del norte, Wall Street, la CIA, el Pentágono y la Casa Blanca.
Ya asesinado a sangre fría en Bolivia por el ejército y Félix Rodríguez, agente de la CIA que daba las órdenes, la generación del ’70 volvió a encontrar en el Che un ejemplo de vida. Pero lo descifró desde otro lugar. Después del Cordobazo, la figura de Guevara se entremezcla con el fantasma de Perón. Aunque existieron corrientes que, apoyándose en el marxismo del Che, dieron una batalla por la conciencia clasista y socialista de los trabajadores y no aceptaron encolumnarse detrás del general Perón y su “capitalismo nacional”, fueron minoritarias. En esos años, la mayoría de la juventud argentina veía en el Che a un revolucionario que era parte de una constelación mayor, donde también brillaban otras “estrellas”: los generales Velazco Alvarado [Perú], Torres [Bolivia] y el propio Perón. El nacional-populismo fue hegemónico.
Después vino 1976, la dictadura, el terror, el genocidio, la masacre. Más de 100.000 desaparecidos en toda América Latina. . Durante esos años tenebrosos el Che Guevara se convirtió en un desaparecido junto con sus libros, su imagen y su póster.
A partir de 1983 el pueblo volvió a la búsqueda. Muchos jóvenes que no habían vivido los ’60 y los ’70, se abocaron a reconstruir el pasado.
Un sector de intelectuales, ex izquierdistas, sumados al gobierno de Raúl Alfonsín, le proporcionó a la juventud un relato tramposo, sesgado, unilateral. Guevara habría sido “un rebelde bienintencionado, pero que no entendía nada de política”. De la mano de la teoría de los dos demonios, algunos ex marxistas lo parangonaban a los militares genocidas. Triste y mediocre teoría que homologaba al almirante Massera y al torturador Astiz con revolucionarios como Rodolfo Walsh y Raymundo Gleyzer.
Entonces volvió el Che en las remeras y los libros, pero no en política. ¿Quién se animaba, en los ’80, a defender la actualidad política de Guevara? No sus canciones o su iconografía, sino el eje central de su pensamiento político acerca del poder y la revolución.
Y apareció Menem, quien llegaba con la vieja retórica y la añeja puesta en escena nacional-populista. Mientras se denostaba al Che, se privatizaba la Argentina de raíz y caía el Muro de Berlín.


Guevara, la crisis neoliberal y el ocaso del posmodernismo

Desde aquel derrumbe bochornoso de las burocracias del Este europeo (que Guevara había impugnado duramente), el neoliberalismo económico y el posmodernismo cultural parecían eternos. Mientras las recetas económicas de Milton Friedman privatizaban en los ’90 hasta el agua, el mundo se desencantaba de la imaginación sesentista. El posmodernismo, bajo el pretexto de defender a las minorías y sus diferencias, terminó legitimando un reino monocorde, triste y sin alternativas. El “hombre mediocre” sin ideales ni aspiraciones, del que hablaba José Ingenieros cien años atrás, se volvió moneda corriente. Lejos quedaba el “hombre nuevo” del Che.
Pero ese supuesto “fin de la historia” (Francis Fukuyama), ese “agotamiento de la política” (Daniel Bell) y esa “crisis de los grandes relatos” (Jean François Lyotard), duró muy poco.
Reivindicando al Che, en 1994 entran en escena los zapatistas y le dan la primera estocada al “Nuevo Orden Mundial”. Al poco tiempo se suceden las rebeliones en América Latina y el primer mundo: La Paz, Seattle, Davos, Barcelona, Buenos Aires, Genova, etc. En todos lados la bandera con el rostro del Che Guevara acompaña la insurgencia juvenil. Rápidamente entran en crisis los falsos axiomas neoliberales: Mayor mercado = mejor democracia; más sumisión a Estados Unidos = más derechos humanos; privatización = superación de la burocracia, etc.
En Porto Alegre los Foros Sociales Mundiales abren el siglo XXI gritando: “Otro mundo es posible”. Renacen la sed de ideología, el apetito de totalidad, la necesidad de una cosmovisión de la historia y el deseo de cambiar el mundo. Se profundiza la crisis del pensamiento en migajas y se agota el culto dogmático del fragmento.
Retorna una vez más el mensaje del Che. Se palpa en el aire. Decenas de miles de jóvenes, hastiados con la vieja política, hartos del sistema capitalista y del neoliberalismo, sin una dirección definida por delante, pero a la búsqueda de una nueva alternativa de vida, enarbolan en marchas y movilizaciones, en estadios de fútbol, en plazas, en parques, en recitales, casi fanáticamente, la bandera del Che.
¿Qué les ofrece el Che? Un pensamiento político donde lo central de la estrategia es el problema del poder. Una concepción de la transformación social, la subjetividad y la revolución, donde la conciencia antimperialista, clasista y socialista es fundamental, donde se disipan las ilusiones en las tímidas reformas y las medias tintas, en la progresividad de la “burguesía nacional” y en el populismo... En definitiva, una nueva cultura y un ejemplo de otra manera de vivir, donde queda abolido para siempre el doble discurso y la doble moral. La estrella del Che Guevara, por sobre el mito y la leyenda, vuelve para quedarse.

miércoles, 11 de junio de 2008

Brasil: Stédile, de la dirección del MST y Vía Campesina": No vamos a acumular para disputar el poder sólo por el camino institucional


El hombre va por la ruta en su camioneta y para en un puesto de peaje. Paga y le pregunta al empleado: “¿sabes a dónde va este dinero?”, el empleado se sorprende y apenas logra balbucear un tímido “no”. El conductor lo reta: “¡te estoy dando dinero y no sabes a dónde va a parar!”. Pone primera y les explica a sus acompañantes: “campaña ideológica permanente”. El hombre en cuestión es Joao Pedro Stédile, animal político, miembro desde hace años de la Dirección Nacional del Movimiento Sin Tierra de Brasil, uno los máximos referentes de la organización más grande de América Latina y de la Vía Campesina. Verborrágico y con gran sentido del humor, Stédile puntualiza en una charla con Prensa De Frente los desafíos que se plantean en esta coyuntura, las dificultades para construir herramientas de unidad y la relación entre movimientos sociales e instrumentos políticos.

Brasil vivió un período de crecimiento y avances de las luchas populares a fines de los ´70 y durante los ´80, que incluyó el surgimiento del Movimiento Sin Tierra, de la CUT (Central Única de Trabajadores) y de la Unión Nacional de Estudiantes, entre otros, y que tuvo en el plano político como expresión central al Partido de los Trabajadores (PT). Stédile explica que “desde el ´89, con la derrota político electoral del proyecto democrático-popular que el PT encarnaba en manos del neoliberalismo, estamos en un largo proceso de descenso del movimiento de masas. Y al mismo tiempo, un período en el que el capital tiene absoluta hegemonía en la economía y en el Estado. En ese contexto es que se dio la elección del gobierno Lula, que fue una victoria contra el neoliberalismo puro pero que no consiguió alterar la correlación de fuerzas”.

- ¿Cuáles serían, ante este escenario, los principales desafíos que se plantean para el MST y los movimientos sociales en general?

- Nosotros observamos cinco grandes desafíos:

1- Colocar prioritariamente nuestras energías en la formación de militantes y cuadros, para crear una base ideológica en la militancia y prepararlos para las luchas futuras.

2- Recuperar la práctica social de retomar el trabajo de base, o sea el trabajo que el militante hace con las masas para organizarlas, un trabajo no sólo de agitación sino más bien de organización, dentro de las fábricas, en los barrios, las universidades...

3- Estimular permanentemente las luchas sociales porque sólo la lucha social es la que genera el proceso de desenvolvimiento de la conciencia de las masas; ellas no aprenden en las aulas ni en los libros sino en la confrontación de la lucha de clases. Entonces, las organizaciones sociales, la militancia, deben estimular todo el tiempo la lucha social. Allí es donde afloran los conflictos y donde se genera conciencia de clase y de cuáles son las contradicciones que hay entre las clases.

4- Construir en el marco del curso de las fuerzas populares que existe en el Brasil un proyecto para el país, que represente una especie de programa mínimo, o un proyecto que organice a las fuerzas en torno de un objetivo de mediano plazo. A largo plazo todos tenemos como proyecto estratégico el socialismo, pero el socialismo por sí solo no organiza la lucha política, es una referencia, entonces hasta que lleguemos al socialismo ¿qué proyecto tienes para el país? El desafío actual es construir un proyecto que represente soluciones concretas a los problemas de las masas y que acumule fuerzas para el socialismo.


- ¿En qué consistiría, en lo concreto, este “Proyecto Popular para el Brasil”?

- Este concepto que utilizamos en la Consulta Popular y en los movimientos de la Vía Campesina, “un Proyecto Popular para el Brasil”, sería intentar resolver los problemas de la sociedad brasileña a partir de las necesidades populares. En esencia es un proyecto que diga: “va a haber trabajo para todos (la economía se va a tener que organizar para garantizar esto); va a haber distribución de la renta; todo el mundo va a ganar lo necesario para tener una vida resuelta; tierra y vivienda para todos; educación pública y gratuita; cultura para todos”. Evidentemente un proyecto de este tipo también tiene que ser claro y decir: “para que haya tierra para todos es preciso desapropiar los latifundios; para que haya vivienda para todos el Estado tiene que hacer programas populares; para que haya distribución de la renta hay que estatizar los bancos”. Entonces no es sólo un proyecto que levante reivindicaciones corporativas sino que apunte a las soluciones estructurales y que combata la acumulación del capital. Es un desafío porque ese proyecto todavía no es socialista y al mismo tiempo no quiere ser capitalista.


- El quinto desafío...

- El último desafío es, a partir de los desafíos anteriores, producir en la sociedad brasileña un re-ascenso del movimiento de masas, que las masas retomen el escenario político. Esto no consiste sólo en hacer grandes movilizaciones, se da cuando la clase de forma organizada intensifica los enfrentamientos, toma iniciativas, y al mismo tiempo transforma esas luchas en una acumulación orgánica, paulatina, para la clase en forma autónoma. La lucha de clases funciona como ciclos. En Brasil hubo un ascenso del ´45 al ´64, un descenso del ´64 al ´79 con la dictadura, un re-ascenso del ´79 al ´89, y del ´90 para acá estamos en un nuevo descenso. Esperamos en los próximos años entrar en un nuevo ciclo de re-ascenso.


- ¿Qué perspectivas hay de generar una herramienta alternativa que pueda disputar el poder si se produce este nuevo ciclo de re-ascenso?

- Creemos que la construcción de uno o varios instrumentos políticos que vayan acumulando va a depender justamente de ese re-ascenso, se van a desenvolver conjuntamente. No pasa por reunir un grupo de dirigentes e intelectuales, formar un partido y decir “vamos para las masas”.


- ¿Cómo imagina ese instrumento político? ¿Cómo sería la relación con los movimientos sociales?

- La relación de los instrumentos políticos con los movimientos sociales es una relación dialéctica de autonomía y complementariedad. Los movimientos sociales tienen la obligación de hacer lucha de masas, pero la lucha de masas es insuficiente para transformar la sociedad, no construye por sí sola proyecto político, para disputar el poder debemos tener instrumentos políticos, organización política que se proponga disputar el poder del Estado, cosa que los movimientos sociales no se proponen y no deben. Al mismo tiempo el instrumento político no puede estar separado de las masas porque su fuerza política para disputar el poder son las masas organizadas. Entonces la situación en Brasil es muy compleja porque como estamos en un descenso no hay capacidad política de construir los diversos instrumentos.


- ¿Apuestan a que Consulta Popular se transforme en ese instrumento político?

-Dentro de Consulta Popular siempre repetimos que somos apenas un pequeño agrupamiento de militantes y dirigentes, y en cierta forma adoptamos también la concepción que Marta Harnecker expresó diciendo que difícilmente un país tan grande como Brasil tenga una organización política que impulse la transformación, que va a ser lo que ella llamó “vanguardia compartida”, o sea que probablemente sean varias organizaciones políticas, de distintos niveles y naturaleza, que si tuvieran un proyecto político similar van a caminar rumbo a la toma del poder. Nosotros queremos ser apenas una de esas, no pensamos que vamos a ser la vanguardia de ese proceso.


- ¿En qué medida las diferentes miradas sobre el gobierno Lula dificultan las posibilidades de generar ese proyecto popular, de avanzar en mayores niveles de unidad?

- El gobierno Lula representó el fin de una etapa que fue dirigida por el PT. Nosotros no compartimos esa visión de algunos sectores de la izquierda de que el gobierno Lula es el culpable por el descenso, por la crisis ideológica, por el fin del PT. En realidad es más bien la expresión del fin de ese ciclo, es la expresión de esa estrategia electoral. Por eso pensamos que es equivocado como táctica pensar que vamos a organizar a las masas, que vamos a elevar el nivel de conciencia, que vamos a generar un re-ascenso, transformando al gobierno en el principal enemigo. El gobierno Lula es resultante de este período y por lo tanto resultó un gobierno de composición de clases, de conciliación, pero tampoco es un gobierno claramente de derecha, de la clase dominante, así como no es un gobierno de izquierda y de la clase trabajadora. Es el resultado de ese pacto, de esa conciliación.

Ahora, la lucha de clases la tenemos que hacer contra los banqueros, los latifundistas, la burguesía imperialista, ahí es por donde debemos acumular. El PSOL intentó reconstruir un PT de izquierda pero no logró acumular porque la táctica, el camino está vencido. No vamos a acumular para disputar el poder apenas por el camino institucional.


- ¿Cómo hacen para sentar postura sobre el gobierno sin caer en ninguno de esos extremos?

- Para nosotros, desde Vía Campesina, es muy fácil, porque nuestros enemigos de clase son claros: los latifundios, los bancos, las empresas transnacionales, los grandes monopolios... Entonces nosotros acumulamos haciendo lucha de masas contra los enemigos de clase.


- Está bien, pero también se puede considerar que, de alguna manera, el gobierno ayuda a garantizar las grandes ganancias de los banqueros, los empresarios, los latifundistas...

- No necesariamente, la lucha de clases es mucho más compleja, el poder económico de las clases dominantes hoy y sus tasas de ganancia no necesariamente dependen de decisiones gubernamentales. Concretamente aquí en Brasil las tres variables que más influyen en las tasas de ganancia de las clases dominantes (o sea la tasa de interés, la tasa de cambio y el superávit primario) están dirigidas por el Banco Central. Eso no exime la responsabilidad del gobierno, pero para la burguesía es más importante controlar el Banco Central que el Palacio de gobierno.

lunes, 9 de junio de 2008

miércoles, 4 de junio de 2008

General Bernales. No todos los muertos son buenos

(El asesino invisible. Ignacio Bernal. pintura Digital. 2005)
Por: Tito Tricot*

Estalló en una letanía de jirones ámbar, dicen, en cielo ajeno, lloran. Y llevan días lamentando la muerte de un policía ejemplar, dicen. Pero, a pesar de la pompa y circunstancia y de los rostros desencajados en medio del frío otoñal, la historia verdadera nos acribilla con las muertes del muerto general. Porque, en las alturas de Panamá, en ese brutal instante de fuego, se desató la mayor tormenta de estrellas fugaces que se recortaron cristalinas en la cordillera de Nahuelbuta tiñendo de añil la lluvia mapuche. Fue un estallido descomunal que estremeció la mirada de Alex Lemun y Matías Catrileo, jóvenes mapuche asesinados por los hombres del general Alejandro Bernales.
Ellos no supieron de la mesura y humanidad que, dicen, caracterizaba al general; tampoco de la ingente generosidad que, dicen, prodigaba el general, pues la vida se les escabulló ineluctablemente enceguecidos por una lluvia de estrellas azules, pero tan brillantes que, a pesar de los esfuerzos de la clase política, opacarán para siempre la impecable, dicen, hoja de vida del general.
Pero no son sólo los políticos, sino que también los medios de comunicación que, concertados en la apelación al dolor, han ungido como héroe a un general de carabineros que sembró el terror en territorio mapuche cuando fue jefe de la IX zona de Carabineros de la Araucania. Fue el responsable operativo de la política de criminalización del movimiento mapuche impulsado desde el gobierno de Ricardo Lagos y, como tal, el gestor de la militarizacion de las comunidades consideradas conflictivas. La resultante de dicha política fueron los allanamientos masivos, las golpizas a los comuneros, las detenciones arbitrarias, todo en connivencia con la fiscalía pública que formulaba cargos increíbles basados en la Ley anti-terrorista. El mapuche luchaba por sus derechos colectivos como pueblo, el gobierno ordenaba la represión y el general Bernales, obsecuentemente, reprimía a hombres, mujeres y niños por el simple hecho de ser indígenas. Como ha sido siempre.
Entonces, cuesta entender que se diga sin vergüenza que “fue un Oficial de profundos valores humanistas y cristianos, que privilegió el trabajo en equipo, el profesionalismo, la integración con la comunidad y la preocupación por el bienestar de los carabineros y sus familias”. ¿Dónde estaban los valores humanistas entre los helicópteros, las tanquetas y los gases lacrimógenos que aterraban a las comunidades? ¿Dónde estaba la integración con la comunidad mientras en Temucuicui se realizaban violentos allanamientos en las madrugadas? ¿Dónde estaba el cristiano general cuando a Alex, de apenas 17 años, le clavaron para siempre al viento con un balazo en la nuca? ¿Dónde cuándo a Matías, de meros 23 años, lo crucificaron sin apelación alguna a la oscuridad, y cobardemente por la espalda? La respuesta es clara, aunque les duela a los dolientes de uniforme y de civil que lo quieren transformar en santo: estaba dando las órdenes para reprimir a un pueblo digno.
El general del terror

Hoy nos hablan de un oficial cercano a sus hombres, cercano al pueblo llegando, incluso, a calificarlo como el “general del pueblo”. Sin embargo, el utilizó el terror de manera sistemática en las comunidades, impuso el miedo y la incertidumbre, violó los derechos humanos de millares de mapuche. Eso, claro, parece que a pocos les importa, pues en el arrebol de la tragedia de Panamá, se cantan sus glorias, se hiperbolizan sus virtudes, se minimizan sus defectos y se esconden sus crímenes, porque la vida de un indígena vale menos que la vida de un carabinero. Y, sobre todo, porque persiste una subyacencia racista en la cultura dominante que obnubila los sentidos; pero también clasista, ya que este peculiar general del pueblo, no sólo se reprimió a los mapuche, sino que a todos los sectores sociales que osaron expresar su disconformidad con el gobierno. De su violencia supieron y sufrieron los estudiantes secundarios y universitarios, los trabajadores subcontratistas del cobre, los pescadores artesanales, los trabajadores forestales y de la salud, entre otros. No obstante, jamás hubo banderas a media asta ni se decretaron tres días de duelo nacional por el asesinato de Rodrigo Cisternas, obrero forestal acribillado por carabineros durante una huelga. Ni por Lemun ni por Catrileo. Nunca. Entonces nos asiste la sospecha de que detrás de la urgente iconización y canonización del general Bernales se esconde el más profundo racismo chileno. Además, por cierto, de la entronización de una política de la desmemoria que se acerca peligrosamente a la impunidad en un país donde, a pesar de lo que se nos quiere hacer creer, no todos los muertos son buenos.

*Sociólogo, Director Centro de Estudios Interculturales ILWEN Chile

martes, 27 de mayo de 2008

Homenaje a Manuel Marulanda


Por: James Petras

Pedro Antonio Marín Marín, más conocido como Manuel Marulanda Vélez y “Tirofijo”, era el líder máximo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Fue, sin duda alguna, el campesino revolucionario más grande de la historia del continente americano. Durante sesenta años organizó movimientos campesinos y comunidades rurales y, cuando todas las vías democráticas legales se le cerraron de forma brutal, creó el ejército guerrillero más poderoso de América Latina y las milicias clandestinas que lo sustentaban. En su época de mayor apogeo, entre 1999 y 2005, las FARC contaban con casi 20.000 combatientes, varios cientos de miles de campesinos activistas y cientos de unidades de milicias comunales y urbanas. Incluso hoy, a pesar del desplazamiento forzoso de tres millones de campesinos como resultado de las políticas de tierra quemada y las masacres del gobierno, las FARC tienen entre 10.000 y 15.000 guerrilleros en sus numerosos frentes distribuidos por todo el país.

Lo que hace tan importantes los logros de Marulanda son sus habilidades organizativas, su agudeza estratégica y sus intransigentes posiciones programáticas, basadas en el apoyo a las exigencias populares. Más que cualquier otro líder guerrillero, Marulanda, tenía una compenetración sin par con los pobres de las zonas campesinas, los sin tierra, los cultivadores indigentes y los refugiados rurales durante tres generaciones.

Tras empezar en 1964 con dos docenas de campesinos que habían huido de pueblos devastados por una ofensiva militar dirigida por USA, Marulanda construyó metódicamente un ejército guerrillero revolucionario sin contribuciones económicas o materiales extranjeras. Más que cualquier otro líder guerrillero, Marulanda fue un gran maestro político rural. Las extraordinarias dotes organizativas de Marulanda se fueron refinando a través de su íntima vinculación con el campesinado. Como había crecido en una familia de campesinos pobres, vivió entre ellos cultivando y organizándolos: hablaba su mismo lenguaje, se ocupaba de sus necesidades diarias más básicas y de sus esperanzas de futuro. De manera conceptual, pero también a través de la experiencia cotidiana, Marulanda realizó una serie de operaciones políticas y militares estratégicas basadas en su brillante conocimiento del terreno geográfico y humano. Desde 1964 hasta su muerte, Marulanda derrotó o eludió al menos siete importantes ofensivas militares financiadas con más de siete mil millones de dólares de ayuda militar usamericana, que incluía miles de “boinas verdes”, cuerpos especiales, mercenarios, más de 250.000 militares colombianos y 35.000 paramilitares integrados en escuadrones de la muerte.

A diferencia de Cuba o Nicarangua, Marulanda construyó una base masiva organizada y entrenó una dirigencia en gran parte rural; declaró abiertamente su programa socialista y nunca recibió apoyo político o material de los denominados “capitalistas progresistas”. A diferencia de los corruptos y codiciosos gánsteres de Batista y Somoza, que saqueaban y se retiraban bajo presión, el ejército de Colombia era un formidable aparato represor, altamente entrenado y disciplinado, reforzado además por homicidas escuadrones de la muerte. A diferencia de otros muchos famosos guerrilleros “de afiche”, Marulanda fue un auténtico desconocido entre los elegantes editores izquierdistas de Londres, los nostálgicos sesentaiochistas parisinos y los socialistas eruditos de Nueva York. Marulanda pasó su tiempo exclusivamente en la “Colombia profunda”; prefería conversar y enseñar a los campesinos y enterarse de sus quejas a conceder entrevistas a periodistas occidentales ávidos de aventura. En lugar de escribir manifiestos grandilocuentes y adoptar poses fotogénicas prefería la pedagogía popular de los desheredados, estable y poco romántica pero sumamente eficaz. Marulanda viajó desde valles prácticamente inaccesibles a cordilleras, desde selvas a llanuras, siempre organizando, luchando... reclutando y entrenando a nuevos líderes. Evitó presentarse en los “foros de debate del mundo” o seguir la ruta de los turistas izquierdistas internacionales. Nunca visitó una capital extranjera y cuentan que jamás puso los pies en Bogotá, la capital de la nación. Pero tenía un amplio y profundo conocimiento de las exigencias de los afrocolombianos costeños; de los indiocolombianos de las montañas y la selva; de las ansias de tierra de millones de campesinos desplazados; de los nombres y direcciones de los terratenientes maltratadores que brutalizaban y violaban a los campesinos y a sus familiares.

Durante las décadas de los sesenta, los setenta y los ochenta, numerosos movimientos guerrilleros se levantaron en armas, lucharon con mayor o menor capacidad y, luego, desaparecieron asesinados, derrotados (algunos incluso se convirtieron en colaboradores) o se integraron en los partos y repartos electorales. Poco numerosos, luchaban en nombre de inexistentes “ejércitos populares”; la mayoría eran intelectuales, más familiarizados con los discursos europeos que con la microhistoria, la cultura popular y las leyendas de los pueblos a los que trataban de organizar. Fueron aislados, rodeados y arrasados; dejaron quizá una herencia bien publicitada de sacrificio ejemplar, pero no cambiaron nada sobre el terreno.

Por el contrario, Marulanda encajó los mejores golpes de los presidentes contrainsurgentes de Washington y Bogotá y se los devolvió al cien por cien. Por cada pueblo arrasado, Marulanda reclutó a docenas de campesinos luchadores, enfurecidos y desamparados, y los entrenó con suma paciencia para que fuesen cuadros y comandantes. Más que cualquier ejército guerrillero, las FARC llegaron a ser un ejército de todo el pueblo: un tercio de los comandantes eran mujeres, más del setenta por ciento eran campesinos, si bien se les asociaron intelectuales y profesionales, que fueron entrenados por cuadros del movimiento. Marulanda fue un hombre venerado por su estilo de vida excepcionalmente sencillo: compartió la lluvia torrencial bajo cubiertas de plástico. Millones de campesinos lo respetaban profundamente, pero nunca practicó el culto a la personalidad: era demasiado irreverente y modesto, prefería delegar las tareas importantes a una dirigencia colectiva, con mucha autonomía regional y flexibilidad táctica. Aceptó un amplio abanico de opiniones sobre tácticas, incluso si discrepaba profundamente de ellas. A principios de los ochenta, muchos cuadros y líderes decidieron probar la vía electoral, firmaron un “acuerdo de paz” con el presidente colombiano, crearon un partido –la Unión Patriótica– e hicieron elegir a numerosos alcaldes y diputados. Incluso obtuvieron cuantiosos votos en las elecciones presidenciales. Marulanda no se opuso públicamente al acuerdo, pero no abandonó las armas ni “bajó desde las montañas a la ciudad”. Mucho más lúcido que los profesionales y los sindicalistas que se postulaban en las elecciones, Marulanda comprendía al carácter extremadamente autoritario y brutal de la oligarquía y sus políticos. Sabía que los gobernantes de Colombia no aceptarían nunca una reforma agraria justa sólo porque unos “pocos campesinos analfabetos los derrotasen en las urnas”. En 1987, más de 5.000 miembros de la Unión Patriótica habían sido asesinados por los escuadrones de la muerte de la oligarquía, entre ellos tres candidatos a la presidencia, una docena de congresistas y mujeres y alcaldes y concejales. Los supervivientes huyeron a la selva y se reincorporaron a la lucha armada o se marcharon al exilio.

Marulanda era un maestro a la hora de romper los cercos y evitar las campañas de aniquilación, sobre todo las que diseñaron los mejores y más brillantes estrategas del centro de contrainsurgencia de los Cuerpos Especiales del US Fort Bragg y de la Escuela de las Américas. A finales de los noventa, las FARC habían ampliado su control a más de la mitad del país y bloqueaban autopistas y atacaban bases militares situadas a sólo 65 kilómetros de la capital. Muy debilitado, el entonces presidente Pastrana terminó por aceptar negociaciones serias de paz, en las que las FARC exigieron una zona desmilitarizada y un programa que incluía cambios estructurales básicos en el Estado, la economía y la sociedad.

A diferencia de las guerrillas centroamericanas, que cambiaron las armas por cargos electorales, antes de deponer las suyas Marulanda insistió en la redistribución de la tierra, en el desmantelamiento de los escuadrones de la muerte y en la destitución de los generales colombianos implicados en las masacres, en una economía mixta basada en buena medida en la nacionalización de los sectores económicos estratégicos y en la financiación a gran escala de los campesinos para el desarrollo de cosechas alternativas a la coca.

En Washington, el presidente Clinton asistía histérico a aquel espectáculo y se opuso a las negociaciones de paz, en especial al programa de reformas, así como a los debates públicos abiertos y a los foros de debate organizados por las FARC en la zona desmilitarizada, a los que asistía numerosa la sociedad civil colombiana. La aceptación por parte de Marulanda del debate democrático, la desmilitarización y los cambios estructurales desenmascara la mentira de los socialdemócratas occidentales y latinoamericanos y de los universitarios de centroizquierda, que lo acusaron de “militarista”. Washington trató de repetir el proceso de paz centroamericano engatusando a los jefes de FARC con la promesa de cargos electorales y privilegios a cambio de que vendiesen a los campesinos y a los colombianos pobres. Al mismo tiempo Clinton, con el apoyo de los dos partidos del Congreso, hizo aprobar un proyecto de ley de apropiación de dos mil millones de dólares para financiar el mayor y más sangriento programa de contrainsurgencia desde la guerra de Indochina, denominado “Plan Colombia”. El presidente Pastrana dio por terminado de forma abrupta el proceso de paz y envió soldados a la zona desmilitarizada para que capturasen a la cúpula de las FARC, pero cuando éstos llegaron, Marulanda y sus compañeros ya se habían ido de allí.

Desde el 2002 hasta ahora, las FARC han alternado los ataques ofensivos y las retiradas defensivas, en especial desde finales de 2006. Con una financiación sin precedentes y un apoyo tecnológico ultramoderno de USA, el nuevo presidente Álvaro Uribe –socio de narcotraficantes y organizador de escuadrones de la muerte– adoptó una política de tierra quemada para ensañarse con el campo colombiano. Entre su elección en 2002 y su reelección en 2006, más de 15.000 campesinos, sindicalistas, trabajadores de derechos humanos, periodistas y otros críticos fueron asesinados. Regiones enteras del campo fueron vaciadas: de la misma manera que en la Operación Phoenix usamericana en Vietnam, se contaminó la tierra de cultivo con herbicidas tóxicos. Más de 250.000 soldados y sus compinches paramilitares de los escuadrones de la muerte diezmaron amplias zonas del campo colombiano controladas por las FARC. Helicópteros proporcionados por Washington bombardearon la selva en misiones de búsqueda y destrucción (que no tenían nada que ver con la producción de coca o con el envío de cocaína a USA). Al destruir toda la oposición popular y las organizaciones campesinas y al desplazar a millones de colombianos, Uribe logró empujar a las FARC hacia regiones más remotas. Al igual que había hecho en el pasado, Marulanda asumió una estrategia de retirada táctica defensiva, abandonando territorio para proteger la capacidad de lucha de los guerrilleros en el futuro.

A diferencia de otros movimientos guerrilleros, las FARC no recibieron ningún apoyo material del exterior: Fidel Castro repudió públicamente la lucha armada y buscó lazos diplomáticos y comerciales con gobiernos de centroizquierda e incluso mejores relaciones con el brutal Uribe. Después de 2001, la Casa Blanca de Bush etiquetó a las FARC de “organización terrorista”, presionando a Ecuador y Venezuela para que restringiesen los movimientos fronterizos de las FARC en busca de abastecimientos. El “centroderecha” de Colombia se dividió entre los que prestaban un “apoyo crítico” a la guerra total de Uribe contra las FARC y los que protestaban infructuosamente contra la represión.

Es difícil imaginar que un movimiento guerrillero pueda sobrevivir frente a una financiación tan masiva de la contrainsurgencia, un cuarto de millón de soldados armados por el imperio, millones de desplazados de sus tierras y un presidente psicópata vinculado directamente con una cadena de 35.000 miembros de escuadrones de la muerte. Sin embargo, sereno y resuelto, Marulanda dirigió la retirada táctica; la idea de negociar una capitulación nunca se le pasó por la mente, ni a él ni a la cúpula de las FARC.

Las FARC no tienen frontera contigua con un país que lo apoye, como Vietnam la tenía con China; tampoco goza, como Vietnam, del suministro de armas de la URSS ni del apoyo masivo internacional de los grupos occidentales de solidaridad, como los sadinistas. Vivimos en una época en la que apoyar a los movimientos campesinos de liberación nacional no está “de moda”; en la que reconocer que el genio de líderes campesinos revolucionarios que construyen y mantienen la auténtica masa de los ejércitos populares es tabú en los pretenciosos, locuaces e impotentes Foros Sociales Mundiales, cuyo “mundo” excluye regularmente a los campesinos militantes y para los que “social” significa el constante intercambio de mensajes electrónicos entre fundaciones financiadas por ONG.

Es en este ambiente tan poco prometedor frente a las pírricas victorias de los presidentes de USA y Colombia donde podemos apreciar el genio político y la integridad personal de Manuel Marulanda, el más grande campesino revolucionario de América Latina. Su muerte no generará afiches o camisetas para estudiantes universitarios de clase media, pero vivirá eternamente en los corazones y las mentes de millones de campesinos de Colombia. Se le recordará siempre como “Tirofijo”, un ser de leyenda al que mataron una docena de veces y, a pesar de ello, regresó a los pueblos para compartir con los campesinos sus vidas sencillas. Tirofijo fue el único líder que era realmente “uno de ellos”, que durante medio siglo se enfrentó al aparato militar y mercenario yanqui y nunca fue capturado o derrotado.

Los desafió a todos en sus mansiones, sus palacios presidenciales, sus bases militares, sus cámaras de tortura y sus burguesas salas de redacción. Murió de muerte natural, después de sesenta años de lucha, en los brazos de sus queridos compañeros campesinos.

¡Tirofijo, presente!

en: www.rebelion.org

El sociólogo James Petras nació en Boston el 17 de enero de 1937, de padres griegos, originarios de la isla de Lesbos. Ha publicado más de sesenta libros de economía política y, en el terreno de la ficción, cuatro colecciones de cuentos.


Traducido para Cubadebate, Rebelión y Tlaxcala por Manuel Talens.
Dibujo de José Mercader.

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y la fuente.

sábado, 24 de mayo de 2008

La agonía del imperio

Nota sobre la crisis. Recuerdos del futuro que no queremos.

Por: Raúl Hernán Contreras Román

Los bárbaros todos reunidos despertaron casi al mismo tiempo, cuando el sol de la mañana golpeo sus parpados embriagados. La noche fue de juerga y de festín. Todos festejaban y celebraban las señales y los designios. La noticia estaba en las sacras escrituras, en el discurso de los monjes, en la posición de las estrellas y hasta en los clandestinos informes que llegaban del imperio.
Allá, decían los informes, los mercaderes del imperio tiraban sus cabellos, hasta quedar calvos, al ver el desplome de sus riquezas, el emperador ni sus asistentes sabían que hacer, nadie confiaba en él ni en ellos, las tropas enviadas a lejanas tierras para derrotar a rebeldes bárbaros habían fracasado.
Llegaba el momento, el ansiado momento en que el imperio del mal se derrumbaba.
Los muros se vendrían abajo y los bárbaros podrían vivir de otra cosa que no fuese la mendicidad y la esclavitud. Los bárbaros serían dueños por fin de su futuro, tal y como habían pronunciado hace años los iguales muertos en la lucha por ese tiempo ulterior.
Esa noche, nadie escuchó a un pequeño grupo de bárbaros que no celebraba y que intentó, en vano, hablar en el lacónico espacio de silencio, en que los ebrios callaban para oír los brindis.
Esa noche, nadie recordó un sólo pasaje de la historia de los bárbaros, de las muertes, de los desaparecidos, de los culpables, de las ordenes, de las intenciones.
Al día siguiente los bárbaros mandaron a retirar sus tropas de las fronteras, a excluir de las aulas todas esas complejas materias que intentaban, en tres tomos, explicar la complejidad del imperio. No era necesario hacer nada. Todo terminaría sin ningún esfuerzo. El imperio caería sin que los bárbaros derramaran una sola gota nueva de sangre ni de sudor.
La agonía del imperio era evidente. Y en eso también concordaba el grupo de bárbaros que no festejó la noche anterior.
Lo que no era evidente eran las razones de ese síntoma de expiración aparentemente cercana.
Después de esa noche y después de ese día y sólo y únicamente después de que el imperio devoró bárbaramente todo lo bárbaro, los sobrevivientes supieron que la debilidad del imperio se debía al hambre interminable de esa bestia de fauces putrefacta; que al día siguiente eructó su crisis y volvió sentir apetito.

Uno de cada siete niños está sometido a alguna forma de explotación laboral, según la OIT


por: Carolina Gómez Mena

A escala mundial, aproximadamente uno de cada siete niños está sometido a alguna forma de explotación laboral, señala la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
No obstante, destaca que en los últimos años ha habido resultados positivos en la eliminación del trabajo de menores, “especialmente de las peores formas”, como la minería, el comercio sexual y las labores agrícolas.
Asimismo, señala que en regiones como América Latina y el Caribe es donde se han registrado los mayores avances, pues en esas áreas sólo desarrollan actividades económicas aproximadamente 5 por ciento de los niños de entre cinco y 14 años (unos 5.7 millones), lo cual contrasta con regiones como África subsahariana, donde 26 por ciento (50 millones) de los menores trabajan.
Según documentos de esta institución de la Organización de Naciones Unidas (ONU), en Asia y el Pacífico el problema es importante, ya que se calcula que en esas áreas cerca de 122 millones de niños en el mismo rango de edad son explotados laboralmente.
A unas semanas de que se conmemore el Día Mundial contra el Trabajo Infantil –el próximo 12 de junio–, la OIT puntualiza que de cada 10 menores que trabajan, alrededor de 70 por ciento lo hacen en el sector agrícola, 22 por ciento en el de servicios y 9 por ciento en la industria, incluidas la minería, la construcción y las fábricas.
La OIT remarca que el trabajo infantil es un “obstáculo para la enseñanza”, por lo que para este año la conmemoración del 12 de junio se centrará en el mensaje: “la educación es la respuesta acertada al trabajo infantil”. En este contexo, plantea que debe haber “una educación para todos los menores, al menos hasta la edad mínima de admisión al empleo”, así como la adopción de políticas que luchen contra el problema del trabajo infantil, impartiendo educación de calidad, formación de calificación con recursos adecuados y enseñanza que promueva la sensibilización sobre la necesidad de luchar contra dicho flagelo.
La OIT refiere que dicho problema está estrechamente vinculado a la pobreza. “Una familia de escasos recursos puede no tener los medios de pagar las cuotas escolares u otros gastos inherentes a la educación, además de que es posible que dependa de la contribución que la niña o el niño trabajador aporten, y atribuir más importancia a ese ingreso que a su instrucción académica.
“Por otro lado, cuando una familia tiene que escoger entre enviar a su hijo o a su hija a la escuela, suele ser la niña la que sale perdiendo.”
Apunta que ahora más que nunca los niños necesitan una educación y formación de calidad si desean adquirir las calificaciones necesarias para tener éxito en el mercado laboral. Sin embargo, advierte que “en muchos países, las escuelas a las cuales tienen acceso las familias pobres no disponen de los recursos suficientes y no están adaptadas a sus necesidades. Instalaciones limitadas, clases sobre- pobladas y carencia de profesores correctamente formados son algunos de los elementos que contribuyen a un nivel de educación bastante abajo”.
Primaria gratuita y obligatoria
Indica que las metas propuestas sólo podrán alcanzarse si se resuelven los factores que generan el trabajo infantil y que impiden que las familias pobres envíen a sus hijos a la escuela. Entre otras cosas –señala–, se debe ofrecer una enseñanza primaria gratuita, pública y obligatoria; eliminar los obstáculos a la educación de las niñas; reforzar las leyes sobre trabajo infantil y educación, de conformidad con las normas internacionales; luchar contra la pobreza; asegurar que los menores tengan acceso a una escuela y a un entorno de aprendizaje seguro y de calidad; abordar el problema del déficit mundial de profesores y asegurar un cuerpo docente adecuadamente formado y profesional, así como aumentar la sensibilización a la necesidad de eliminar el trabajo infantil”.
Según las estimaciones de la OIT, entre 2000 y 2004 el número de niños de entre cinco y 17 años que trabajan en el mundo se redujo 11 por ciento, y el de los que están inmersos en trabajos peligrosos descendió 26 por ciento, pues mientras a principios del milenio había 246 millones de menores trabajadores, en 2004 la cifra se estimó en 218 millones, y de ellos sólo 126 millones lo hacían en actividades peligrosas, en lugar de los 171 millones de principios de este siglo.
La expectativa es que en este momento la cifra sea menor. Según la OIT, actualmente más de 165 millones de niños de entre cinco y 14 años desarrollan actividades económicas.

viernes, 16 de mayo de 2008

A cien años del nacimiento de Salvador Allende. Logros y errores del Gobierno de la Unidad Popular

por: Jacques Chonchol

En este año del centenario de su nacimiento, se hablará mucho de Salvador Allende desde distintos ángulos y puntos de vista. Se rememorará su larga vida política anterior al gobierno de la UP, se hablará sobre todo de la experiencia del gobierno de la Unidad Popular que fue la culminación de Salvador Allende como político, se hablará por mucho tiempo de su muerte heroica y simbólica en defensa del Chile democrático. Nosotros nos dedicaremos por ahora a analizar muy superficialmente algunos logros y exigencias de su gobierno, el gobierno de la Unidad Popular.
El programa de este gobierno, adoptado en diciembre de 1969, proponía una transformación profunda de las estructuras económicas y sociales del capitalismo chileno. Se pretendía liberar al país de la tutela extranjera y aumentar y redistribuir el ingreso nacional. Entre los imperativos destacábamos: la constitución de tres formas de propiedad empresarial: el área de propiedad social, el área privada y el área mixta. Segundo, la nacionalización de todas las riquezas mineras, especialmente del cobre que ya había sido en parte chilenizado por el gobierno de Eduardo Frei. Tercero: la nacionalización del sistema bancario y de todos los monopolios. Cuarto: la nacionalización de todos los sectores de base que condicionaban la actividad económica: electricidad, transporte, etc.
Por otro lado, la profundización de la reforma agraria comenzada bajo el gobierno de Eduardo Frei, eliminando definitivamente el latifundio que se consideraba la principal lacra para el desarrollo de la agricultura chilena. Además, un vasto programa de acción social y cultural del cual muy a menudo nos olvidamos y que tuvo una importancia muy grande y seguramente la tendrá en el futuro. Finalmente relaciones internacionales con todos los países. Chile estaba limitado por el imperialismo, no teníamos relaciones con Cuba, no teníamos relaciones con China ni con la mayor parte de los países del área socialista, e inclusive con muchos otros países.
No voy a entrar a analizar detalladamente el delicado y difícil proceso de confirmación del triunfo de Allende, a consecuencia de la violencia desatada por la derecha que culminó con el asesinato del General Schneider, ni a la campaña del terror contra la supuesta amenaza soviética. Acordémosnos como estaban empapeladas de afiches las calles de Santiago en que aparecían tanques soviéticos penetrando al país. El surgimiento, que a veces se olvida, del movimiento fascista Patria y Libertad, el 10 de septiembre de 1970, o sea 6 días después del triunfo en las elecciones de Salvador Allende y la injerencia permanente del gobierno de los Estados Unidos contra la Unidad Popular.
Finalmente, después de las negociaciones con la Democracia Cristiana, por un estatuto de garantías constitucionales, el Congreso confirmó el triunfo de Allende el 24 de octubre, con 153 votos a favor, 35 votos para Alessandri y 7 votos en blanco. El 4 de noviembre asumió el nuevo gobierno y nombró su primer gabinete en que por primera vez en la historia de Chile había 3 ministros obreros. El gobierno de la UP empezó de inmediato una política social y económica para superar la situación de la población más desfavorecida. Hay que recordar que un 2% de las familias chilenas percibía el 46 por ciento del ingreso nacional y un 60% de las familias solo el 17 % de ese ingreso. ¿Qué hizo el gobierno en los primeros meses? Compensó la inflación de 1970 con un alza del 35% de todos los salarios, estableció salarios mínimos que subió al 66% con respecto a los que había anteriormente. Entre noviembre de 1970 y julio de 1971 el ingreso mínimo de los asalariados aumentó el 60%, se bloquearon los precios de los productos básicos, pan, leche, electricidad, arriendo, se lanzó un gran plan de construcción de viviendas populares, y se crearon numerosas nuevas escuelas primarias y secundarias.
La Reforma Agraria
Se relanzó la reforma agraria para terminar con el latifundio lo más rápidamente posible. Entre 1965 y 1970 el gobierno de Frei había expropiado mil 400 latifundios, entre 1971 y 1973, bajo la UP, se expropiaron 4400. En relación a esto hay algo que quisiera subrayar y que normalmente no se considera, a pesar de la gran importancia que tuvo. La Ley de la Reforma Agraria no contemplaba la situación particular de los indígenas. Los indígenas, los mapuches, era considerados campesinos igual que cualquier otro y por lo tanto si recibían beneficios no era como comunidades o como pueblos indígenas, sino como campesinos pobres, igual a los de la reforma agraria. Por lo tanto no había cómo resolver este problema dentro de ese contexto legal.
Allende fue invitado a Temuco en diciembre de 1970, tuve la oportunidad de acompañarlo y hubo una gran manifestación en el estadio donde las comunidades le plantearon varias cosas. Primero la necesidad de recuperar las tierras que les habían usurpado, y en segundo lugar le presentaron un proyecto de ley indígena que era el primer proyecto que no había sido elaborado por los parlamentarios y por los políticos sino que por las propias comunidades de base. Allende lo tomó en sus manos y dijo: “Lo hago mío y lo voy a presentar al Parlamento”. Por supuesto que lo presentó.
Desgraciadamente como en el Parlamento no teníamos mayoría hubo una serie de modificaciones, pero en definitiva salió una ley indígena que era bastante favorable para las comunidades. Ordenó trasladar el Ministerio de Agricultura a Temuco, lo que se hizo en diciembre del 1070 hasta marzo de 1971, para que aplicara la ley de reforma agraria en la región en todos los predios expropiados y si había tierra que había sido usurpada a las comunidades se les devolvieran antes de proceder a su redistribución. Se lograron más o menos unas 150 mil hectáreas de tierras por la vía de la reforma agraria que no estaban destinadas a los mapuche, pero que fueron destinadas directamente a las comunidades a las que se las habían usurpado.

Las nacionalizaciones y las áreas de propiedad

Hubo indudablemente muchos conflictos, hay que recordar que en esa época hubo muchas tomas de tierras. Existía un movimiento indígena fuerte impulsado por el MIR que con el argumento de “Arauco vuelve a la lucha” ocupó una serie de tierras. Muchas veces esas ocupaciones permitían la expropiación, pero otras muchas veces no permitían la expropiación porque eran tierras que pertenecían a pequeños agricultores. Cuando habían sido usurpadas eran de grandes agricultores, pero habían pasado los años, se habían dividido, las habían heredado y ahora estaban en manos de pequeños agricultores. Expropiar esas tierras en mano de los pequeños agricultores era darle un argumento muy fuerte a la derecha que afirmaba que la reforma no era solamente contra los latifundistas sino que era contra todos los pequeños agricultores chilenos. Eso nos creó un conflicto bastante grave que de una u otra manera se pudo resolver, pero que indudablemente fue uno de los primeros obstáculos que tuvo en este proceso el gobierno. Después se nacionalizó el cobre por una reforma constitucional aprobada por el Congreso el 11 de julio de 1971. Por ella se establecía que debían reducirse de la indemnización los beneficios excesivos obtenidos por las empresas norteamericanas: la Kennecoth y la Anaconda. En los 15 años anteriores esas utilidades resultaron equivalentes a 774 millones de dólares que era más del valor de la indemnización que correspondía pagar a las empresas del cobre. Esto por supuesto causó una enorme oposición del gobierno de los Estados Unidos y Henry Kissinger que no podían aceptar las expropiaciones, y menos aún las expropiaciones sin compensación. Ese fue un elemento negativo para el futuro, no solamente por lo que ocurría en Chile sino por el ejemplo que sentaba para otros países en el mundo donde había inversiones norteamericanas.
También se nacionalizaron los bancos mediante la compra de las acciones a los pequeños accionistas a un precio superior al del mercado. A fines de 1971 el gobierno tenía en sus manos el 57% de las acciones de los bancos privados, por lo tanto hubo una nacionalización bancaria por la vía de la compra, por la vía mercantil propiamente tal y no había problemas. Y sobre las 30.500 empresas industriales y artesanales censadas en 1967, 150 eran consideradas monopolios que el gobierno quería nacionalizar. ¿Qué hizo el gobierno de la Unidad Popular? Utilizó un decreto vigente de 1932, de la República Socialista, el Decreto Ley 520, y procedió a intervenir y requisar numerosas industrias. Entre noviembre de 1970 y noviembre de 1972 se intervinieron 212 industrias y se requisaron 126, en total 338. Algunas estaban en el listado para ser nacionalizadas, pero también hay que reconocer que muchas fueron resultado de la presión de los trabajadores. No eran monopolios importantes, pero había conflicto, los trabajadores las ocupaban y forzaban de cierta manera al gobierno a requisarlas aun sin la voluntad ni el interés determinado por la política pública propiamente tal. Sin embargo, era el resultado de la lucha social que se estaba produciendo.

Cultura y relaciones internacionales

En política cultural se creó la editorial Quimantú, comprando parte de las instalaciones de Zig-Zag, logrando las colecciones de “Quimantú para Todos”, “Nosotros los Chilenos” y los “Cuadernos de Educación Popular”. Antes de 1970 los tirajes no sobrepasaban los 3 mil ejemplares de cada edición, Quimantú tuvo tirajes de 50 mil ejemplares y en 1972 se publicaban mensualmente más de 500 mil ejemplares. Ni siquiera se utilizaban las librerías porque no tenían la capacidad de ofrecer toda esa cantidad y se recurrió a los puestos de periódicos, los kioscos, para hacer llegar los libros a los chilenos.
En política internacional se establecieron relaciones con todos los países del mundo, especialmente con los países del área socialista y, cosa muy interesante que demuestra la habilidad de Allende, tuvo buenas relaciones políticas con el gobierno militar de Argentina y con el gobierno militar de Perú que estaba en manos de Velasco Alvarado, neutralizando de cierta manera los posibles frentes internacionales que se le podían abrir.

Las tomas y los interventores

Hubo sin embargo una serie de problema que fueron los que en definitiva produjeron el vuelco contrario al gobierno de Allende. El primero de estos problemas, lo menciono rápidamente, fueron las tomas. Era una forma de reivindicación social que había desarrollado en el país desde fines del gobierno de Frei. Las tomas eran por muy diversas razones, por un terreno, por una casa, por un barrio, por un predio, por un fundo, por lo que fuera. Cuando se trataba de casos aislados se procedía a resolverlos mediante la negociación específica con los pobladores involucrados. Pero ¿qué pasó al generalizarse el fenómeno de las tomas? Se empezó a crear en el país un clima de desorden que el gobierno no era capaz de controlar. Allende no quería por ningún motivo utilizar la represión, y recordaba lo que había ocurrido con otros gobiernos, y decía: en mi gobierno no se hará ninguna represión contra el pueblo. Sin embargo, cuando esta forma de actuar se amplió mucho, y las tomas se extendieron desde las zonas agrícolas hasta las zonas urbanas, el gobierno intentaba negociar, pero sin éxito.
Eso creó un problema de desorden y anarquía que en definitiva favoreció un clima donde el gobierno aparecía incapaz de imponer el orden y de dirigir el país. Indudablemente un elemento que jugó negativamente contra el gobierno.
El otro elemento negativo fueron los interventores. En todas las empresas que se intervenían o que se tomaban había que nombrar a un responsable. ¿Quién era el responsable? Un interventor ¿Quién era el interventor? Un militante de algunos de los partidos políticos de la Unidad Popular. Algunos eran muy capaces, pero otros eran francamente incapaces porque no tenían la menor idea de cómo manejar una empresa, de cómo manejar una industria. Eso sin duda que fue bastante negativo desde el punto de vista de la funcionalidad de la operación. Había peleas entre los partidos para que el interventor fuera de uno u otro partido, lo que era inaceptable, desmoralizador y hacía el juego de la oposición.
También ocurrió que, por ser ésta la primera vez que un gobierno daba a la clase proletaria, a los obreros, tanta importancia, se fue creando una conciencia colectiva de que todo Chile le pertenecía a los trabajadores. Esto provocó que en muchas empresas los obreros se sintieron superiores a los patrones y los fueran anulando, los fueran desplazando: el patrón ya no era autoridad. La empresa no podía marchar muy bien en esas condiciones y eso creó una serie de problemas negativos.

El desabastecimiento, la clase media y las divisiones internas

La otra cosa, que todos recuerdan, fue el desabastecimiento y el mercado negro. Por dificultades económicas externas y falta de créditos bloqueados por el imperialismo, se habían agotado las reservas nacionales. La capacidad portuaria de Chile era limitada y, si bien podíamos importar, muchas veces no teníamos cómo sacar la mercadería de los puertos en óptimas condiciones, y así se fue creando desde fines de 1971 un cierto desabastecimiento. Además, había un gran poder de compra en manos de la gente, no solamente de los sectores populares, sino que de la clase media. ¿Qué pasa cuándo se crea una situación de este tipo? La gente tiende inmediatamente a comprar mucho más de lo que necesita porque quiere precaverse para el futuro, entonces la gente que tenía que comprar el litro de aceite, si podía comprar diez compraba diez. Así fue aumentando el desabastecimiento y generó una serie de problemas. Se hizo un interesante y muy importante esfuerzo con la creación de las JAP, las Juntas de Abastecimiento y Precios, pero no fue suficiente para contrarrestar las dificultades y el sabotaje. La prueba fue que al día siguiente del golpe de estado aparecieron enormes cantidades de mercaderías que habían sido acumuladas. Hay que reconocerlo, no fue solo la forma de pensar y actuar la clase media, sino también de ciertos sectores populares, porque en la medida que tenían algún poder podían acumular más cosas, contribuyendo así de una manera muy importante al desabastecimiento y a la inflación.
Pienso finalmente, y es tema de reflexión, que no tuvimos en la UP una política más favorable a la clase media. Teníamos una visión del país fundamentalmente proletarista, el pueblo eran los trabajadores, los trabajadores manuales, los campesinos. Pero una parte importante del país no formaba parte de ese pueblo, sino que se encontraba en la clase media y no supimos darle suficiente importancia. Eso fue produciendo con el paso del tiempo un desbalance, especialmente visible en un partido orientado hacia la clase media que era la Democracia Cristiana que en un comienzo apoyó muy bien a Allende. En esos primeros momentos los dirigentes de la DC eran partidarios de Allende, y no solamente lo nominaron, sino que le dieron apoyo. Pero al poco andar fueron desplazados por gente más de derecha, hasta que se produjo una alianza entre la DC y la derecha ligada a la clase media y a los gremios. Todo lo cual contribuyó de manera importante a crear un conflicto con ese grupo.
Ahí surgió también la mala idea de lanzar el proyecto de la ENU, el famoso proyecto de la Escuela Nacional Unificada. No era el momento oportuno y prácticamente sirvió para impulsar una enorme propaganda contra el gobierno. Tuvo que intervenir Allende y retirar el proyecto.
Y por último está el problema de fondo, a mi juicio, que son las divisiones de la UP. La verdad que la UP era un frente de partidos en que existía un profundo acuerdo para el camino revolucionario, pero profundamente dividido en las estrategias: unos querían avanzar sin transar y otros consolidar antes de seguir avanzando. Los problemas internos que existían en los Comité de Ministros y en los distintos sectores de la UP anulaban las acciones del gobierno. Allende hacía esfuerzos enormes y tenía una virtud -no se puede afirmar que fue un defecto-: era demasiado democrático, era demasiado respetuoso de los partidos políticos, no quería imponer nada a los partidos políticos. Pero en los momentos decisivos habría sido tal vez necesario un hombre con voluntad de imponerse más fuertemente a los partidos para evitar esa lucha permanente que anulaba la eficiencia del gobierno.

Conclusiones

En definitiva, sin entrar a analizar otros elementos -todos saben lo que vino después, el golpe, etc-, ¿qué queda hoy día después de más de 30 años? Queda el recuerdo de los problemas más ambiciosos de transformación económica y social que cualquier gobierno de este país haya tenido, quedan algunas reformas que no fueron anuladas y que siguen siendo fundamentales para el futuro de Chile, como fue la nacionalización el cobre. La dictadura no se atrevió a privatizar el cobre, abrió las minas de cobre a los capitales extranjeros, pero no tuvo el poder de ir más allá. Todos apreciamos hoy que la euforia de este gobierno por los excedentes del cobre y es porque Codelco pertenece al Estado y no al sector privado. La gran lucha de la oligarquía, actualmente, es para que se privatice Codelco, pero nosotros decimos que no solamente habría que no privatizar, sino que recuperar todas las privatizaciones que se hicieron en la minería como consecuencia de la apertura que ha habido en los gobiernos de la Concertación.
Quedó el logro de la realización de la Reforma Agraria, y en definitiva y a pesar de todo lo que vino después, se terminó con el latifundio en Chile. La Reforma terminó con esa lacra que impedía la modernización del agro y que cambió la mentalidad de los agricultores. Antes se dedicaban a acumular tierras, ahora los agricultores se han vuelto capitalistas invirtiendo y produciendo. Eso fue un importante cambio de mentalidad. Desgraciadamente, en la ctualidad, una gran parte de la agricultura campesina está en una situación bastante desmedrada, pero hay que reconocer que ha habido un progreso productivo muy importante como consecuencia indirecta de la Reforma Agraria.
Quedó una dignificación de los sectores más postergados de la sociedad chilena. Creo que nunca como en ese tiempo, el pueblo sintió que el gobierno le pertenecía. Tal vez con excesos en algunas cosas. Muchas veces se produjeron abusos, pero no cabe duda que eso fue un tiempo de gran dignidad para el pueblo.
Y finalmente el ejemplo moral de Allende y su repercusión para el futuro en defensa de la democracia. Sus fallas ya las vimos: no imponerse más sobre los partidos de la UP, no considerar adecuadamente el peso de la clase media y un programa demasiado ambicioso en el corto plazo para la fuerza económica real. No podemos olvidar que llegamos al gobierno con el 40% de los votos y que el programa era para una transformación total de la sociedad y de toda la economía chilena. No solamente tuvimos un 60% de la población de Chile en contra, también teníamos al imperialismo. O sea, teníamos demasiados enemigos. El programa era demasiado ambicioso, en términos realistas, considerando a los enemigos del gobierno de la UP. Y finalmente, como ya lo mencionamos, las divisiones de la izquierda, presionada en parte por la ultraizquierda, que fueron muy negativas para el gobierno.
Creo que el gobierno de la UP es una experiencia histórica. Allende será recordado como uno de los grandes presidentes de la historia de Chile a pesar de su fracaso. Creo que hay muchos ejemplos que destacan en su gobierno. Reitero, nunca el pueblo chileno había sido tan dignificado como lo fue entonces, pero también tenemos que reflexionar sobre las fallas que tuvimos. La historia nunca es igual, van cambiando las circunstancias, pero indudablemente la historia obliga a una reflexión acerca de los errores que se cometieron. Esto es fundamental para poder enfrentar el futuro en mejores condiciones.

miércoles, 14 de mayo de 2008

El peor hijodeputa de la historia latinoamericana

Por: Trincherasur

A diferencia de otros sátrapas este se ensañó contra su propio pueblo tiene el record del horror, en solo dos años exterminó a 150 mil, quemó pueblos enteros con sus gentes. No tuvo la fama de Pinochet, Galtieri, Videla o Stroessner. Aunque al igual que estos hizo su propia síntesis de las tesis de Hitler y las de Smith. Estos sucesos pasaron no hace tanto, hace 26 años no más. Pero el más grande hijodeputa de la historia latinoamericana ha vivido en la total impunidad más aún tiene cierto reconocimiento público, ahora es diputado…
Sus hordas quemaron vivos a hombres, mujeres y niños. Centenares de pueblos ardieron con sus gentes dentro. Previas sesiones de tortura y festines de barbarie inimaginables.
La escoria siente asco de esta escoria, Efraín Rios Montt es su nombre y como la sanguijuela-garrapata que es sigue succionando la savia y sangre de su pueblo. Uno de los pueblos mas sabios e inverosímiles de la historia.
La Guatemala maya masacrada y despojada por la espada y la enfermedad española, nuevamente repite la tragedia por voluntad de este terrible perro asesino del imperio yanqui. Que se yergue incluso sobre Pinochet, Galtieri y Videla, en el podium de los peores sátrapas ha parido el continente.
Basura que la basura escupiría, Rios Montt el peor hijodeputa de la historia latinoamericana.
ver este documental:
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http://www.dailymotion.com/video/x116yh_guatemala-la-tierra-arrasada